Tiene muy baja autoestima; su forma de aumentarla es debilitar a la persona a la que agrede.
Crean relaciones de poder/dominación con la víctima, no de igualdad y respeto.
No empatizan con los sentimientos ajenos ni se ponen en el lugar del otro.
Viven en un permanente estado de venganza ante ofensas reales o imaginarias, muchas veces provenientes de vínculos anteriores.
«Cosifican» a la víctima (esto es muy grave en el caso de madres o padres que usan a sus hijos como armas arrojadizas contra el otro progenitor para dañarlo).
Una persona que maltrata, carece de autorreproche moral por sus actos.
Son personas frías e insensibles, carentes de empatía, aunque en las relaciones «de puertas afuera» pueden mostrarse de manera amable y encantadora, para lograr cierto grado de integración social y ocultar su verdadera cara.
Son personas mentirosas y manipuladoras.
Personas narcisistas y egocéntricas.
Marcada destructividad.
Son personas sádicas.
Aquellos que maltratan, no respetan las normas.
Nunca se responsabilizan de las consecuencias de sus actos.
No les remuerde jamás la conciencia.
Las víctimas de violencia doméstica, pueden ser personas con baja autoestima y personas dependientes.
Tienden a culparse y a tener una actitud de indefensión, o están realmente indefensos, como en el caso de ancianos dependientes o niños.
En ocasiones justifican/racionalizan el maltrato o niegan que están siendo maltratados por miedo a perder esa relación, o por miedo a quedarse solos o por temor a las represalias.
En el caso de que sean adultos, pueden tener carencias afectivas que vienen de su infancia, así como aprendizajes de relaciones donde se dió violencia física y/o psicológica.
Pueden ser personas miedosas e inseguras.
Tienen tendencia al masoquismo.
Suelen ser buena gente, demasiado confiadas para su bien.